15:51h. Miércoles, 17 de Enero de 2018

Repugnancia, amargura, y la más profunda pena

Poco más se puede decir ante la barbarie, la crueldad y el salvajismo terrorista.

Debemos exigir de nuestros gobernantes, que de una vez por todas, tengan el valor suficiente, olvidando lo políticamente correcto, para llamar a las cosas por su nombre y tomar las medidas necesarias.

No se puede consentir el avance del terror, por la pasividad y la inacción.

No podemos ser conformistas ante el horror y el chantaje más ruin y miserable.

Hay que reaccionar y plantar cara a la monstruosidad ejercida por los fanáticos violentos que quieren acabar con los estados de derecho, dominando e imponiendo sus preceptos.

No se puede abrir la puerta a aquellos que buscan nuestra destrucción.

No se puede ser condescendiente con la devastación y el crimen.

Una vez más entonamos colectivamente, sentimientos de rabia, tristeza, dolor, desolación ..., por los fallecidos y sus familias, intentemos realmente, no tener que seguir lamentándonos por el espanto y la consternación.