10:37h. Martes, 20 de Febrero de 2018

Fundamentalismo Democrático

La estupidez del Fundamentalismo Democrático

Entendamos por estupidez la torpeza de perseverar en la idiotez y por fundamentalismo democrático el fanatismo consistente en ser esclavo de las ideas y no dueño de las mismas.

Centrando la cuestión, con este modesto artículo de opinión, pretendo demostrar cómo el fundamentalismo democrático deviene en sinónimo de sandez o idiotez dentro de nuestro ámbito patrio (ni que decir tiene que semejante imbecilidad está presente en la Europa occidental, especialmente).

El origen de esta gran memez del fundamentalismo democrático está en la Revolución Francesa de 1.789, asentándose sobre los principios de la libertad, la igualdad y la fraternidad, degenerando,en el libertinaje, el igualitarismo y el estúpido buenismo, en su peor acepción y cómo no, teñido de rojo por parte de esos clubes políticos enfrentados.

Es en ésa degeneración sobre la que se sustentan a su vez, los principios en los que se pretende fundamentar nuestro actual estado social, democrático y de derecho, como son la soberanía popular, la separación de poderes y el imperio de la ley, han degenerado, igualmente, por prestarse los políticos a conformarlos a su antojo, con la complicidad del pueblo anestesiado.

Los partidos manipulan y amoldan los “principios” como únicos intermediarios entre el pueblo y el Estado, en función del rédito político que pueda proporcionales, incurriendo en contradicciones evidentes.

Y así, para quedar bien, afirman, sin rubor alguno, que la violencia terrorista, el separatismo o los totalitarismos populistas se combaten con la ley en la mano, en el mejor de los casos, lo que es todo un despropósito, al pretender combatir con armas ineficaces (cuando se pretende combatir, que no es el caso) aquéllo que escapa a toda lógica, de suerte que con todos esos sumandos tenemos resultados verdaderamente esperpénticos, surrealistas e intolerables.

Como prueba baste recordar que ETA, los separatistas y los podemitas está en las instituiciones para culminar sus objetivos a nuestra costa, eso sí.

Sólo se comprende así el contexto en el que estamos, esto es, una suerte de alegoría de la caverna de Platón, en la que el pueblo percibe por los sentidos, fijando los mismos en las sombras, en vez de en la percepción inteligible, fijando su atención en lo que las provoca.

O despertamos y actuamos o continuaremos diluyéndonos como dos piedras de hielo en un güisqui on the rocks, como cantaba Sabina.

 

*Abogado.@edumorato92