05:46h. Martes, 20 de Febrero de 2018

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Si los que tenéis que ser luz, no sois luz ¡Qué grande es la oscuridad! (Mt 6,23)

Con 75 años –edad de canónica jubilación- Josep María Forcada, médico y sacerdote, sigue siendo prior de la Iglesia del Hospital de la Santa Creu y Sant Pau de Barcelona. Encargado pues de la atención religiosa de los enfermos de la institución junto con dos sacerdotes más. No sólo eso. Es también representante del Arzobispado http://www.santpau.cat/web/public/patronat en la Muy Ilustre Administración (MIA) del Hospital, junto con la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, y en las Fundaciones de Gestión, Investigación y de Patrimonio del centro sanitario y miembro fundador de su Comité de Bioética.

Entrevistado por el Periódico de Catalunya, en la sección Gente Corriente de la contraportada se ha descolgado con unas declaraciones, en el mejor de los casos, ambiguas y en el peor… francamente inquietantes. http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/josep-maria-forcada-arrastra-mucha-carga-angustias-del-pasado-5362769

Es lo que hoy está de moda: lo políticamente correcto. Que para un cura es llevarse bien con todo el mundo. Ser un hombre de mundo. No destacar en nada, y mucho menos por tener hondas convicciones religiosas y una fe que resplandezca. Si hoy un hombre de Iglesia se ha de ganar el respeto de la gente, no ha de ser por su condición religiosa, sino por otras cualidades humanas –carrera, habilidades artísticas- y por un saber estar y saber jugar con todas las barajas. Ahí va.

Tenemos que poder hablar afirma Forcada- abiertamente y con naturalidad de temas como el aborto o la eutanasia, para asegurar el respeto de la voluntad del enfermo y su enfoque de la vida. Por eso también pusimos en marcha el comité de bioética del Sant Pau.

Para un capellán de hospital, lo prioritario no es asegurar el respeto de la voluntad del enfermo y su enfoque de la vida. Eso no es hacer de capellán, sino de asistente social. Oficio muy digno, pero totalmente distinto. El capellán tiene un MENSAJE que transmitirles a los enfermos. Un mensaje, una “Buena Noticia”, un Evangelio, que muchos de ellos reconocerán en cuanto vuelvan a oírlo. El capellán ha de ser la oportunidad que se les dé a los enfermos de volver a conectar con Jesucristo, entregado por nuestros pecados y resucitado para hacernos justos (Rm 4,25). Oportunidad ofrecida humildemente. Sin coacciones y sin espíritu proselitista… ¡Pero sí con fe! Que resplandezca en el capellán la convicción de estar ofreciéndole al enfermo lo mejor que puede ofrecerle. Pura bondad de corazón en el Corazón de Cristo.

Y lo de asegurar el respeto de la voluntad del enfermo viene luego y como consecuencia de la bondad y de la dulzura del mensaje evangélico. No como consecuencia de haber silenciado la Buena Noticia del Evangelio, no vaya a ser que le resultase incómoda al enfermo, a su pariente o al de la cama de al lado. El cura ha de ejercer de cura, no de asistente social.

De esa misma actitud equívoca (y equivocadora) viene eso de que tenemos que poder hablar abiertamente y con naturalidad de temas como el aborto y la eutanasia. ¿En qué sentido, padre Forcada? Supongo que en el sentido cristiano, ¿no? Poder hablar con la mayor naturalidad, e iluminados por la fuerza de la fe, de la maldad intrínseca del aborto y de la eutanasia, crímenes execrables. No hay que callar. Y mucho menos ante los organismos del Hospital de Sant Pau, donde usted es el representante eclesiástico. Otra cosa es que haya que hacerlo con toda la caridad y misericordia propia del cristiano. No es caritativo ni misericordioso que le ocultemos a ninguno de los implicados en el aborto y en la eutanasia, los males morales que arrastran consigo estas graves desviaciones de la conducta moral.

Ahora mismo estoy asistiendo a un drama posteutanasia. Una hija que ha estado cuidando con intenso amor a su madre incapacitada en silla de ruedas durante 10 años. Y al final sucumbió a la propuesta tecnificada y edulcorada de la eutanasia que le hizo un hospital. Su madre, tenía momentos de lucidez durante su último declive, totalmente irreversible. Pues la hija, que consintió a la propuesta de los médicos de los “cuidados paliativos”, bastante elásticos, sufre intensamente porque está convencida de que con la puesta en marcha de esos cuidados paliativos le hurtó a su madre momentos de lucidez, de dulce comunicación con su hija (la comunicación era espléndida) a pesar de que apenas era capaz de pronunciar algunas palabras, varios momentos de VIDA al fin y al cabo. Que con su decisión acortó la vida bien vivida de su madre.

¿Y hay alguien que hable del síndrome posteutanasia y postaborto en el Comité de Bioética del Hospital Sant Pau? ¡Menudo enredo! Los curas han de hablar abiertamente y con naturalidad de eutanasia también con los enfermos… ¿O es que hablarles del Evangelio de la Vida es demasiado antinatural? Y si el aborto ha de ser tratado con naturalidad, supongo que el padre Forcada permanecerá vigilante en la Muy Ilustre Administración para que no se practiquen esos abortosinterrupciones médicas del embarazo, según el gerente- http://www.abc.es/20121014/sociedad/abci-hospital-santpau-abortos-extremas-201210142025.html que desgraciadamente han hecho famoso al Hospital de Sant Pau en los cinco continentes.

 

Custodio Ballester Bielsa, pbro.

www.sacerdotesporlavida.es